Este proyecto fue diseñado desde una idea muy clara: crear un espacio que no se sintiera nuevo, frío ni perfecto, sino vivido, cálido y con una personalidad muy propia.

 

La intención fue construir un hogar con alma; un lugar donde la arquitectura interior, los materiales, la luz, el arte y los objetos hablaran el mismo idioma, pero sin sentirse forzados. Me gusta que los espacios tengan capas, que no todo parezca comprado el mismo día, que exista una mezcla entre piezas nuevas, piezas con historia, texturas, materiales nobles y detalles que hagan que una casa se sienta realmente habitada.

 

La base del departamento parte de tonos neutros y envolventes, con textiles claros, muros con textura, piedra natural y carpintería en nogal oscuro. Esta combinación nos permitió crear una atmósfera sobria, elegante y atemporal, pero al mismo tiempo cálida y profundamente acogedora.

 

Uno de los elementos más importantes del proyecto fue la carpintería. El nogal oscuro aparece como un hilo conductor en distintas áreas, dando profundidad, contraste y una sensación de permanencia. No queríamos un espacio plano ni demasiado claro; queríamos que tuviera peso, intención y carácter.

 

En la sala, el sofá claro suaviza la fuerza de los materiales oscuros y crea un equilibrio muy bonito entre comodidad y sofisticación. El sillón verde, las flores, las mesas auxiliares, los libros y los objetos decorativos terminan de darle vida al espacio. Son detalles que parecen pequeños, pero que para mí son los que hacen que un lugar deje de ser solo un espacio bonito y empiece a sentirse como hogar.

 

El bar fue una de mis piezas favoritas. Tiene ese aire clásico, casi de departamento europeo, pero llevado a un lenguaje más contemporáneo. El espejo envejecido, la madera oscura, los tiradores, la cristalería y los objetos sobrepuestos crean una escena íntima, elegante y con mucha personalidad. Me gusta cuando un bar no se siente como un mueble más, sino como un momento dentro de la casa.

 

En el comedor buscamos una atmósfera más dramática y especial. La mesa, la iluminación, el arte, la textura de los muros y la calidez de la luz construyen un espacio que invita a quedarse. Para mí, un comedor no solo debe verse increíble; debe provocar conversación, sobremesa, ritual, encuentro.

 

Las recámaras se trabajaron desde una sensación más serena. Queríamos que se sintieran contenidas, cálidas y cómodas, sin perder carácter. La cama con estructura oscura, los textiles, las lámparas y los detalles en color crean una atmósfera íntima, tranquila y muy personal.

 

También hubo mucha intención en los objetos: jarrones, arte, libros, flores, cerámica, piezas antiguas y detalles que ayudan a contar una historia. No creo en decorar por decorar. Creo en elegir piezas que aporten alma, que despierten algo, que hagan que el espacio se sienta único.

 

El resultado es un departamento contemporáneo, pero con espíritu clásico; elegante, pero no rígido; sofisticado, pero profundamente cálido. Un hogar con textura, con memoria, con intención y con esa mezcla que tanto me gusta entre lo nuevo, lo vivido, lo limpio y lo imperfecto.

 

Porque al final, para mí, diseñar no se trata de llenar espacios. Se trata de crear hogares que se sientan, que abracen y que cuenten algo de quienes los habitan”

Interiores: Rita Barraza Interiorismo

Fotografia: Marián Morfín @eyesofmemo